Turning Corners into Shelters
Performance, Installation and Curation by Jimmy Paez
27 August - 31 August, 2026

Open during gallery schedule

ENG

The definition of cardboard states “the product must withstand the weight of loads, luggage, and other uses while maintaining its shape”. Cardboard is a material built for function but not designed to last. It is created to transport goods that may be of great value but holds little value itself. Once its purpose of protecting goods has been fulfilled, cardboard is discarded without hesitation, or in some cases becomes a thin yet vital insulating layer for bodies against the cold.

This capacity to withstand and, at the same time, maintain form establishes a direct relationship with the body: What does a body contain? How much weight can it carry? What is its purpose beyond utility? Both a body and a box are only useful as long as they are capable of maintaining their form. Cardboard that is crumpled, torn, or simply loses its shape runs the risk of compromising what it contains. Likewise, when the body breaks or becomes deformed, it immediately loses much of its “usefulness”, becoming disposable when it ceases to move as it was originally designed.

In the midst of a city-wide housing scarcity, movement has become a constant for many. Spaces become temporary and transience is normalized as routine Moving ceases to be an exceptional event and becomes a repeated, almost everyday practice, in which the body learns to pack, carry, unpack, and adapt. A cyclical consideration of what to keep, what to leave behind, and what could be gained or lost in this journey between states. 

Through this, the body becomes accustomed to a certain provisionality: occupying without ever fully settling in, dismantling a room only to rebuild it somewhere else, and turning boxes into a recurring presence. These cardboard structures emerge as the dominant material of transit: designed to contain and transport objects, and, in the process, bearing the weight of a body in search of a stable place to inhabit.

Turning corners into shelters exposes this interaction between cardboard and the body. Through the different actions Paez develops over twenty minutes, cardboard functions as an extension, a prosthesis, and, at times, a container for the body. The material bends, tears, loses and regains its shape, and in tandem, the body also undergoes a transformation of adaptation, disposal, and potential renewal. 

ESP

La definición de cartón establece que ‘el producto debe soportar el peso de cargas, equipaje y otros usos, manteniendo su forma’. El cartón es un material construido para cumplir una función, pero no diseñado para perdurar. Se crea para transportar objetos que pueden tener un gran valor, aunque el material que los contiene tenga poco valor en sí mismo. Una vez cumplida su función de proteger los objetos, el cartón es desechado sin reparo o, en algunos casos, se convierte en una capa aislante, delgada pero vital, que protege los cuerpos del frío.

Esta capacidad de soportar y, al mismo tiempo, mantener la forma establece una relación directa con el cuerpo: ¿Qué contiene un cuerpo? ¿Cuánto peso puede cargar? ¿Cuál es su propósito más allá de la utilidad? Tanto un cuerpo como una caja de cartón son útiles mientras sean capaces de mantener su forma. El cartón que se arruga, se rompe o simplemente pierde su forma corre el riesgo de comprometer aquello que contiene. Del mismo modo, cuando el cuerpo se quiebra o se deforma, pierde inmediatamente gran parte de su “utilidad”, volviéndose desechable cuando deja de moverse de la manera para la que fue originalmente diseñado.

En medio de una crisis habitacional que atraviesa la ciudad, el movimiento se ha convertido en una constante para muchas personas. Los espacios se vuelven temporales y la transitoriedad se normaliza como rutina. Mudarse deja de ser un acontecimiento excepcional para convertirse en una práctica repetida, casi cotidiana, en la que el cuerpo aprende a empacar, cargar, desempacar y adaptarse. Convirtiéndose en una consideración cíclica de qué conservar, qué dejar atrás y qué podría ganarse o perderse en este tránsito entre estados.

A través de este proceso, el cuerpo se acostumbra a cierta provisionalidad: ocupar sin llegar nunca a establecerse por completo, desmontar una habitación para reconstruirla en otro lugar y convertir las cajas en una presencia recurrente. Estas estructuras de cartón emergen como el material dominante del tránsito: diseñadas para contener y transportar objetos y, en el proceso, soportar el peso de un cuerpo en busca de un lugar estable que habitar.

Convertir rincones en refugios expone esta interacción entre el cartón y el cuerpo. A través de las diferentes acciones que Paez desarrolla durante veinte minutos, el cartón funciona como una extensión, una prótesis y, en ocasiones, como un contenedor del cuerpo. El material se dobla, se rasga, pierde y recupera su forma y, paralelamente, el cuerpo también atraviesa una transformación marcada por la adaptación, el desecho y la posibilidad de renovarse.